Archivo | diciembre, 2010

2011: ¡Que el amor nos cosa a leches!

31 dic

Cuánto tiempo sin venir por aquí. Es lo que tiene… pero al menos me he acordado de venir a despedir el año, ya que ni siquiera felicité las navidades. Hacía casi un mes que no escribía, desde que me fui a Strasbourg y a Metz y me inundé de espíritu navideño. Allí todo eran decorativos, luces y nieve por doquier. Y eso, si encima se vive junto a la perraca que más quieres, se convierte en inolvidable. El paisaje nos permitió estampas navideñas como ésta, en la que no hizo falta ningún adorno extra salvo la imprescindible ropa de abrigo.

Pero tuve que volver y me agobié con las mil cosas que tenía que hacer. Cuando terminé lo imprescindible -me queda mucho, pero sigo siendo de las del último minuto- me volví loca comprando regalos para Reyes -espero que los que me rodean se hayan vuelto igual de locos conmigo- y me fui a Alcoi a celebrarlas con los míos. La celebración familiar fue típica, la de los amigos… ¡memorable! Y milagrosa: fui capaz de aguantar bastante con mis taconazos -los Special Price de Zara que creo que tenemos todas- y no se me cayó ni una vez el gran lazo de H&M que adornaba mi vestido palabra de honor a pesar de las múltiples copas que llevaba encima. Aquí os dejo lo divinas que íbamos todas ese día, en el photocall improvisado.

Y tras pasar la resaca correspondiente no tuve más remedio que ponerme un poco las pilas para poderme ir, en un ratito, a celebrar el año nuevo esquiando en Formigal con algunos amigos. El año pasado ya lo hicimos y fue estupendo. Cenamos y nos ponemos guapos, pero nos quedamos en el apartamento jugando y haciendo el tonto porque no es cuestión de abusar demasiado, que al día siguiente queremos abrir las pistas. Ya os contaré qué tal…

Pero lo importante de hoy, último día del año, es lo de siempre. Ya lo dice Ana Torroja… “hacemos el balance de lo bueno y malo”, miramos hacia atrás pero también hacia adelante para realizar listas de propósitos, sueños, esperanzas, defectos… Y a mi me encantan las listas. De momento ya tengo mi primera lista: la extensa carta a los Reyes Magos. Y la segunda: la ropa de Zara que me compraré en las rebajas (primera tienda a la que iré). Como véis, muchas de ellas tienen que ver con la fashion victim que llevo dentro, como el propósito de reorganizar mi armario, definir un poco más mi estilo, ser más atrevida y combinar más la ropa -sé que tengo mucha y siempre uso más o menos la misma-.
Pero luego hay alguna lista mucho más importante. Como esa que dice que en 2011 toca terminar las dos carreras -sobreviviendo y disfrutando de las prácticas en magisterio, las cuales incluyen un estupendo mes en Londres gracias a una beca-, conseguir entrar en alguno de los Másters que me hacen ilusión… pero, sobre todo, ser más feliz que nunca, viajar y seguir sonriendo como lo he hecho este 2010. Gracias al Facebook tengo un collage que resume bastante bien mi año en fotos:

Y ya me despido, deseándoos a todos lo mejor para este 2011 que viene. Especialmente, os transmito una frase de la que es una de mis películas favoritas y que cada Navidad soy capaz de ver varias veces: Love Actually: ¡Que el amor nos cosa a leches!

De buenas y malas rachas

2 dic

Frío y lluvia. Libros y trabajos. Agobio y presión. Incluso asco. Y algo de tristeza e incertidumbre. La semana pasada no di abasto. Pero al final pude con todo. En el límite, con los cuernos del toro a milímetros de mi trasero. El jueves terminamos el reportaje de moda cuando estábamos al borde del suicidio y a partir de ahí todo dio un vuelco. El viernes, acabé el álbum manual que estaba haciendo para mis padres y mejoró mi humor. El sábado, vinieron mis padres con mi precioso ordenador nuevo, en blanco, y que es tan rápido que parece que vuela, y nos fuimos a comer al Arrop, un menú riquísimo meritorio de la estrella Michelín que les han otorgado. Mi sonrisa seguía creciendo, pero temía que se apagara con la celebración familiar del domingo. Sin embargo, consiguió mantenerse, e incluso creció un poco más. Ver a tus padres llorar por tu regalo no tiene precio. Volví a Valencia. Tuve la suerte de que me trajeron en coche y así me evité el autobús infernal con salsa de fondo. Otro motivo para sonreír. Pero se acababa el fin de semana, y todo apuntaba a que volvería a empeorar. Seguía teniendo libros y trabajos. Agobio y presión. Y anunciaban la vuelta de lluvia y frío. Efectivamente, el lunes no fue mi día. Muchas horas de clase, y un examen que salió peor de lo que tendría que haber salido. Cuesta abajo. Y por la noche el Barça-Madrid. Miedo. Canguelo, que dirían los periódicos. Todo volvía a ir mal, seguro que nos machacan y me cabreo. Es lo que toca. No quiero verlo con nadie, pero no tengo otro remedio. No funciona el canal de pago, peor me lo pones. Corre, bajo la lluvia, a conectar el aparato a otro piso. Por el camino, Gol de Xavi. Bueno, igual el día puede mejorar. Y otro. Y otro, otro y otro. Alegría y felicidad por doquier. Se me olvidó el resto de lunes. Porque el subidón es mayor cuando no te esperas el triunfo. Y llegó el martes con la resaca pletórica correspondiente. Entrevista en inglés para una beca de un mes en Londres, dando clases a niños. Me la dan. No me lo creo, demasiada fortuna seguida. Pero sí, es cierto, me iré. Más sonrisas. Y desde entonces, siguen las buenas noticias por doquier. Pero ahora vuelve el miedo. Sé por experiencia que las buenas rachas no son tan largas. Y sigo teniendo muchas cosas que hacer. Mucho agobio y presión. Y volverán a borrar mi sonrisa cuando llegue el momento justo. Pero, de momento, prefiero intentar olvidar los libros y trabajos e irme a Estrasburgo una semanita a estar con mi perraca favorita. Seguro que las sonrisas allí siguen en aumento. Porque aunque allí haga más frío, la lluvia se convierte en nieve y eso es bonito. Y los cuernos del toro que acechan mi trasero quedarán congelados por esos días. Luego igual me tupan, pero ya haré yo por lograr que no lo hagan.

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